El Mundo de Luckitas

Historias, Vivencias de mis dias.

Primera vez



Es recomendable para tu mayor comodidad que, para ser penetrado, te limpies antes con un enema (ver «Enemas»). Además, hay que tener varios condones a la mano. No bebas mucho alcohol ni uses drogas, porque pueden interferir con tu buen juicio acerca de los cuidados necesarios.

Escoge un lubricante soluble en agua (ver «Lubricantes»). Toma en cuenta las recomendaciones de lubricación, relajamiento y dilatación de la sección anterior (ver «Penetración anal: preparación») y lubrica el exterior del condón de tu compañero. También puedes querer usar lubricante para masturbarte mientras eres penetrado. Hay dos buenas posiciones con las cuales comenzar:

1. Ambos recostados de lado, tú dándole la espalda a tu compañero. Esta posición es cómoda para los dos, no requiere de «malabares», y permite a ambos controlar los movimientos (ver «De costado»).

2. Tú encima de tu compañero. En esta posición, puedes mirar a tu compañero (que está boca arriba) y sentarte lentamente sobre su pene, apuntando bien. La ventaja es que te da control total sobre la rapidez con la que te penetra tu compañero. La desventaja es que requiere algo de equilibrio hasta que logres sentarte completamente (ver «Sentado encima»).


Recuerda que el ano del hombre promedio puede alojar un pene bastante grande sin mucha dificultad, pero podría ser que cuando su pene esté adentro aproximadamente un tercio del camino, sientas algo de dolor. Retírate suavemente y descansa antes de volver a intentarlo. La pausa dará tiempo al esfínter para dilatarse más. En el segundo intento todo deberá ir bien, y podrás ser capaz de alojar todo el pene de tu compañero. Te resultará sorprendente ver cuán fácilmente entra. Si no ocurre así, simplemente repite el proceso, tratando de relajarte.

Las primeras veces que seas penetrado podrías tener la sensación incómoda de estar a punto de defecar. Sólo después de varias experiencias aprenderás a diferenciar ambas cosas.

Además, hay otros dos tipos de sensaciones que puedes experimentar al ser penetrado, y que debes ser capaz de diferenciar. Una de ellas es similar a la que puedes sentir al presionar cualquier parte de tu cuerpo con un dedo. El ingreso del pene en el ano produce una sensación de «presión» parecida, lo cual por supuesto es normal. El segundo tipo, al cual debes prestar especial atención, se parece más a un pellizcón, un hincón de aguja o un corte pequeño. Esta sensación es más aguda y localizada, y puede significar que hay una herida o que está a punto de producirse una. Si la situación se repite en otras ocasiones, lo mejor es que consultes con un médico, pues podría tratarse de una fisura (herida) o de hemorroides.


Iniciando a un primerizo


Supongamos que llegaste a la intimidad con alguien que te interesa desde hace buen tiempo. Ambos están desvestidos, y él te dice que nunca ha sido penetrado antes, pero quiere aprender. Tu reacción es crucial. ¿Quieres asumir a un novato? Podrías no estar interesado o, por otro lado, podrías sentirte halagado. Si no estás dispuesto a tomarte el tiempo para hacerlo bien, mejor no lo hagas. Iniciar a un novato es algo que debe ser hecho con paciencia y cuidado.

En caso de asumir el reto, debes enseñarle a relajarse, y guiarlo con instrucciones claras. Asegúrale que lo está haciendo bien, y nunca te apures. Cuando la gente se encuentra nerviosa, no se da cuenta de lo rígido que se pone su cuerpo. Dile dónde lo sientes tenso. Frota esos puntos, masajéalos un poco. No tienes que ser un profesional para ayudarlo a sentirse bien y relajado.

Introduce suavemente un dedo lubricado en su ano. Cuando se sienta cómodo introduce dos, pero no muy rápido. Una vez que tengas ambos dedos en su ano, mastúrbalo con tu otra mano. El placer de la masturbación, conocido por él, es ahora relacionado con la nueva sensación anal. Podrías masturbarlo o chupar su pene casi hasta el punto de hacerlo llegar al orgasmo. Podrías pedirle que él haga lo mismo contigo, cambiando turnos para masturbarse y succionarse el uno al otro, hasta que él esté cómodo y excitado.


Ahora estás listo para penetrarlo. Es momento de pensar en el condón. Recuerda tenerlo a mano (ver «Condones»). Digamos que él está boca arriba con las piernas apoyadas sobre tus hombros. Mientras masajeas su pene con una mano, explora su ano con los dedos de la otra, y luego con tu glande (es decir la cabeza del pene). Pregúntale cómo se siente. Cuando veas que está excitado, introduce tu glande, pero no totalmente. Deja que él se acostumbre a la sensación antes de continuar.

La primera penetración debe ser lenta y suave. Es fundamental no penetrarlo de golpe. No trates de forzar el camino. Si él se tensa, retira tu pene y usa tus dedos lubricados para masajear su ano otra vez. Si comienza a ponerse nervioso, detén lo que estás haciendo, y si estás dentro de él, pregúntale si quiere que saques tu pene. Dilo en forma calmada. Empieza a retirar poco a poco. Recuerda que su cuerpo está siendo invadido: deja que él te guíe. La mayor parte de las veces, el hecho de saber que puede confiar en ti será suficiente para relajarlo.


Hazle saber lo que estás sintiendo, cuán excitante es estar dentro de él, y lo mucho que te gusta. Continúa masturbándolo, pero no al punto del orgasmo. Consigue que él diga lo que siente, pregúntaselo repetidas veces: eso lo ayudará a sentir más placer.

Penetra lenta y suavemente. A ratos deja que él inicie el movimiento. Varía la posición hasta que tu pene masajee su próstata, lo cual le asegurará un gran placer. Finalmente, después de que ambos lleguen, bésalo, abrázalo y dile lo bien que se sintió estar dentro de él.